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Clara Campoamor Rodríguez y La muy Noble y Leal ciudad de Santiago de los Caballeros de Goathemala PDF E-Mail

 

 

·         RELATO LITERARIO.

   Nadie sabe  que, entre 1950 y 1951 -  meses antes de viajar por última vez a su querida España -  doña Clara vivió durante unos días en la ciudad de Antigua. Mi relato transcurre, temporalmente, a lo largo de dichas jornadas.

    Llegó de noche a la ciudad. Antigua le abrió sus calles y las  puertas de sus casas sin mostrarle nada significativo. La temperatura, como siempre, era agradable; le permitiría descansar apaciblemente tras su largo y pesado viaje con origen en Buenos Aires. Muy temprano, las rendijas de las viejas, cansadas y pesadas hojas de ventanales y puertas de madera dejaron pasar las primeras luces de la mañana. Primero, el dulce trino de los pájaros, después, el suave sonido de pasos en las calles,  y por último, el ruido de los choques de las ruedas de carro contra los adoquines de piedra la impulsaron a levantarse. Los agradables olores con origen en la cercana Casa Xocomil invitaban al desayuno. Doña Goyita había dispuesto todo lo necesario en el largo porche interior de la casa, marco del verde y cuadrado patio interior que le facilita iluminación. Antigua, consciente de las agradables sensaciones que todos los jardines interiores de sus casas provocaban a sus visitantes y con la intención de intimar, se presentó a doña Clara:

-       Nací en el Valle de Panchoy en 1543, mi alumbramiento estuvo precedido por el dolor y muerte de miles de personas que poblaban la actual Ciudad Vieja. El Volcán de Agua, enfurecido, la había inundado. Los supervivientes, nuevos gobernantes de estas tierras, sólo utilizaron líneas rectas –paralelas y perpendiculares– en mi diseño y evitaron grandes alturas en mis construcciones. Fueron años duros, hubo que crecer y madurar desde la nada.

   Doña Clara, interrumpió:

-       Le comprendo perfectamente, trabajé desde los 13 años y la precariedad, afán de superación y determinación marcaron toda mi vida. He sido modista y dependienta de comercio, simultáneamente fui franqueando escalones sociales y educativos: mis primeras oposiciones me permitieron acceder como auxiliar al Cuerpo de Correos y Telégrafos, tenía 21 años; a partir del año 1914 tuve la oportunidad de enseñar a personas adultas y pocos años  después tenía acabados el Bachillerato y los estudios universitarios de Derecho. Mi ley  ha sido, y sigue siendo,  la lucha.

   Mientras discurre la conversación, un ligero, menudo y multicolor colibrí extrae con su largo y fino pico el néctar de las flores que inundan el jardín interior, espacio con claras reminiscencias árabes. Doña Clara acabó el desayuno y se dirigió a su habitación. Doña Goyita, entretanto, recogía la mesa, reflexionaba sobre el contenido de la conversación que sigilosamente había escuchado: “Las apariencias engañan ¿Quién diría que esta señora tuvo que trabajar y esforzarse tanto durante su juventud?”.

   Cuando doña Clara se dispuso a salir a la calle, Antigua le pidió que se acercara; quería mostrarle el mapa que la da a conocer a los nuevos visitantes:

-       Le recomiendo que se dirija al norte, al Cerro de la Cruz, desde allí dispondrá de una panorámica general de mi geometría y de los elementos más significativos de mi físico: Volcán de Agua, Plaza Central, Iglesia de la Merced, Iglesia Catedral, Palacio de los Capitanes Generales, Iglesias de San Francisco, Capuchinas,  Santa Catalina y Santa Teresa, Ruinas de la Compañía de Jesús, Monasterio de Santo Domingo, Volcán de Fuego, Iglesia de Santa Clara, etc. Le facilitará su localización posterior en mi entramado de calles.

-       Muchas gracias por su fina atención. Contestó doña Clara.

   Ya en la calle, doña Clara se encontró con el bolito del barrio y, con cierto escepticismo, le preguntó por el lugar donde podía alquilar un carruaje. Lucas, este era el nombre del bolito, le indicó la cercana Plaza Central, frente a la municipalidad. Durante el tiempo que le llevó localizar la tartana y el dedicado al desplazamiento hasta el Cerro de la Cruz, doña Clara comenzó a percibir las singularidades de las personas, calles, construcciones y contornos de Antigua. Esta ciudad era idéntica a otras muchas ciudades extremeñas, toda su vida giraba en torno a su Plaza Central, en sus cuatro lados estaban representados los poderes de la sociedad colonial española: poder religioso (catedral), poder político (municipalidad), poder militar (capitanía general) y poder económico (comercios). Sus habitantes tenían, por lo general, la tez morena, voz suave y delicada y conductas educadas; pero sobre todo ello destacaba el rico  colorido de sus güipiles, calzones (parecidos a los zaragüelles), camisas y cortes.

   Una vez estuvo  sentada sobre la fresca hierba, protegida del sol por la sombra de los imponentes árboles del Cerro, la bella estampa que contemplaba le ayudó a trasladar sus pensamientos hasta sus intensos años dedicados a la actividad política, a la defensa de los derechos de la mujer en las Cortes Constituyentes (1931) y durante los años inmediatamente precedentes:

  “Formo parte de la directiva del Ateneo de Madrid, he ingresado en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, soy elegida académica – profesora de esta Real Academia y nombrada delegada del Tribunal de Menores. En 1930, soy ponente en el I Congreso de la Sección Española de la Unión Internacional de Abogados e intervengo ante el Tribunal Supremo en el caso de doña Rosa López Rivas, mi comportamiento, regido por la dignidad y otros ideales, no consigue resultado pragmático alguno para doña Rosa. El letrado oponente en el caso es D. Niceto Alcalá Zamora.

   Las relaciones que mantengo, a través del Ateneo,  Real Academia de Jurisprudencia y Colegio de Abogados de Madrid, me animan a engrosar las filas de la asociación Fuerza Republicana que lidera don Manuel Azaña. La caída de la Dictadura del general Miguel Primo de Rivera es inminente. Vislumbro mi oportunidad política en el partido político Acción Republicana. Celebradas las elecciones municipales de 1931, la victoria electoral en las grandes ciudades de los partidos republicanos provoca la salida de España del monarca, Alfonso XIII; el día 14 de abril se proclama la II República Española. En el mes de mayo se convocan elecciones a Cortes Constituyentes, temiendo no ser elegida, abandono Acción Republicana y acepto la invitación de don Alejandro Lerroux de integrarme en la candidatura por Madrid del Partido Republicano Radical. Estoy firmemente decidida a defender los derechos de la mujer durante la redacción del Proyecto de Constitución.

   La inclusión del voto femenino en España, a través de la nueva Constitución, se anuncia fácil; inicialmente cuenta con el apoyo de los partidos mayoritarios, pero realmente parte de la izquierda y el Partido Republicano Radical – el mío – tienen miedo al sufragio femenino. Las tensiones aumentan, las sucias jugadas políticas se suceden unas a otras, me siento sola, abandonada, las advertencias de mi hermano Ignacio - “Te  van a devorar por tener principios. Abre los ojos, te ocurrirá lo mismo que a mí” – martillean mi cerebro. Las puñaladas traperas contra mí se suceden. Hasta mi amiga Victoria Kent, siempre defensora del voto de la mujer, justifica ahora su voto negativo. Me alivia la amistad que mantengo con don Antonio García, periodista del diario  “La Voz Liberal”, su definición de mi persona – “Mujer trabajadora abriéndose camino en un mundo de hombres” – me ayuda a mantenerme en pie. Finalmente, inmediatamente después de pronunciar yo las siguientes palabras (Cada  uno  habla  en virtud  de  una  experiencia  y  yo  os  hablo  en nombre  de  la  mía  propia. Yo  soy  diputada  por  la  provincia  de Madrid;  la  he  recorrido,  no  sólo en  cumplimiento  de  mi  deber, sino  por  cariño,  y  muchas veces,  siempre,  he  visto  que  a  los actos  públicos  acudía  una concurrencia  femenina  muy  superior  a la  masculina, y  he  visto en  los  ojos  de esas  mujeres  la esperanza  de  redención, he  visto  el  deseo de  ayudar  a la República,  he  visto la  pasión  y la  emoción que  ponen  en sus ideales.  La  mujer  española espera  hoy  de la República la redención suya  y  la  redención del  hijo.  No  cometáis un  error  histórico que no  tendréis  nunca  bastante tiempo  para  llorar  al dejar al margen de la República a la mujer, que representa una fuerza nueva, una fuerza joven; que ha sido simpatía y apoyo para los hombres que estaban en las cárceles; que ha sufrido en muchos casos como vosotros mismos, y  que  está  anhelante, aplicándose a sí misma la frase de Humboldt de que  la  única  manera de  madurarse  para  el ejercicio  de  la  libertad  y  de  hacerla  accesible  a todos  es  caminar dentro  de  ella), el voto femenino es recogido en la Constitución de 1931, que en su artículo 36 dispone: Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de 23 años tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes.”  

   El sol estaba en lo más alto, parecía estar posado sobre el cono truncado que forma el Volcán de Agua; las doradas cuerdas que unían el sol y la cruz metálica del Cerro  deslumbraron a doña Clara, en ese mismo momento recordó la hora del almuerzo que le había indicado Antigua, las 12 horas. Cuando llegó al Palacio Chico, su pequeño hotel, doña Goyita  - con la ayuda de su marido don Emilio Chocoj - había dispuesto todo lo necesario en el porche. Los nuevos olores, colores, texturas y sabores de los alimentos que ofrecía Antigua (refrescos y frutas  naturales, tortillas de maíz, guacamol, tamales, enchiladas, frijol  e higos en almíbar)  emborracharon sus sentidos. Durante el almuerzo, doña Clara relató a Antigua su agradable paseo y los emocionantes recuerdos que había tenido durante su permanencia en el Cerro. Antigua decidió confiar a doña Clara algunos de los suyos:

-        El sufrimiento que precedió a mi nacimiento y la dureza que caracterizó mis primeros años de vida contribuyeron a la configuración de mi personalidad, que comparte con la suya la determinación, el afán de superación y el amor hacia los ideales, valores y las cosas bien hechas. Conté con universidad muy pronto, mi Universidad de San Carlos  de Borromeo fue la tercera de las universidades creadas en América, dispuse de imprenta pocos años después de que la inventara J. Gutenberg, sobre mi piel emergieron los numerosos y bellos edificios religiosos, militares y civiles que ya le señalé en mi mapa esta mañana, mi influencia estética se extendió en gran parte de Centroamérica, ostenté la capitalidad del reino de Guatemala durante más de doscientos años y llegué a ser considerada como una de las tres ciudades más hermosas de las Indias Españolas.

   La sobremesa, relajada por el fino café criado en las cercanías del volcán Pacaya, invitaba a la siesta. El café estaba preparado con mucha agua, el resultado es el denominado café americano, agua sucia lo llaman los europeos, acostumbrados a tomar el café concentrado, a la manera italiana (café espresso). Mientras descansa, don Emilio Chocoj conoce el contenido de las conversaciones mantenidas por Antigua y doña Clara, por las narraciones de su esposa; él las encuentra muy entretenidas. Suele comentarlas más tarde con la mayor de sus tres hijas,  Magda.

   Doña Clara está en su habitación, se sorprende por lo pronto que comienza a disminuir la luz solar; son las cinco de la tarde y resulta necesario encender las bombillas eléctricas. Aligera, se arregla y decide salir hasta el edificio en el que se desarrollan las denominadas Obras Sociales del Hermano Pedro, Hospital del Hermano Pedro. Sólo ha tenido que cruzar la 6ª Calle - Oriente. Le interesa la labor social que se realiza en este lugar. Las personas voluntarias que atienden las necesidades de las personas enfermas que allí residen, la mayoría ancianas y niños, le explican el origen de su trabajo: El verdadero nombre del Hermano Pedro es Pedro de San José Betancur, nació en la isla española de Tenerife y murió entre nosotros a los 41 años de edad. La mitad de su corta vida la dedicó a realizar una obra social extraordinaria, se le llegó a llamar popularmente como el San Francisco de Asís de las Américas. Fundó la Orden de los Terciarios Franciscanos en Guatemala y, desde luego, es el canario más ilustre y famoso de todos los tiempos. Seguro que no serán necesarios muchos años más para que el Vaticano declare su santidad.

   De las informaciones sobre la actualidad que le siguen proporcionando los terciarios franciscanos antigüeños, doña Clara concluye que la discriminación existente durante la etapa colonial española no ha cambiado significativamente durante el dominio de la heredera clase dominante, integrada en su mayor parte por los denominados “criollos”, descendientes directos de españoles y otros europeos; “no  se mezclan” ni con los indígenas de origen maya ni con los ladinos. Esta clase dirigente suele contar con los apoyos del gobierno inglés y/o americano. Guatemala, “El país del quetzal”, ha mejorado, pero subsisten viejos problemas sociales y aún hay muchos sectores de la población hasta quienes no han llegado los beneficios de la educación y la asistencia social. Las injusticias son enormes, no sería extraño que los mensajes esperanzadores emitidos para toda Latinoamérica desde la Cuba comunista encontraran eco en estas tierras;  si tal circunstancia se produjera sería muy probable el estallido de un nuevo enfrentamiento civil armado. La injusticia y la discriminación, dos de los grandes monstruos a los que doña Clara ha tenido que enfrentarse en España. Recuerda sus esfuerzos y logros en la no discriminación por razón de sexo, la igualdad legal de los hijos habidos dentro y fuera del matrimonio, el divorcio y el sufragio universal.

   Cuando doña Clara vuelve al Palacio Chico ya es noche cerrada, toma una fruta y se va a la cama. Las sensaciones de tranquilidad y afecto encontradas le facilitan el sueño.

   Nuevo día, es domingo. La pureza del aire, el frescor de la mañana, los olores de las más diversas flores y los verdes que circundan la ciudad invitan a salir a la calle. Muchas personas se encaminan hacia la cercana Catedral. No tarda doña Clara en llegar a los soportales de la Plaza Central, llama poderosamente su atención un hombre vestido a lo europeo pero con claros rasgos faciales propios de los indígenas mayas, está escribiendo sobre una mesa de la cafetería cercana. Se acerca y consigue atraer su atención, se presentan y entablan comunicación. ¡Gran sorpresa! Se trata de don Miguel Ángel Asturias, un buen escritor, un magnífico representante del denominado realismo mágico latinoamericano. La amena conversación se prolonga durante varias horas, don Miguel Ángel Asturias está muy interesado por los temas europeos, Madrid le atrae y París le fascina. Doña Clara le informa sobre su inminente viaje a España, con la ayuda de doña Concha Espina tratará de que las autoridades del Tribunal de Represión de la Masonería anulen el expediente que mantienen abierto contra ella desde la caída de la II República Española. Doña Clara guardó en su memoria el siguiente párrafo de Asturias, tal vez porque ella nunca tuvo hijos:

-       Mi esposa e hijos viven en México. Le escribo una carta a mi hijo Miguel Ángel, escuche: “Miguelito, amor, no se me borra del oído tu voz, cuando me contestas por radio – telefonía. Gracias a Dios que estás bien; y debes apurarte en el colegio para poderme escribir pronto y entonces, de puño y letra, pedirme todo lo que quieras. Por aquí me contaron un cuento, Corazón de aguacate, veremos si te gusta.”

   Inesperadamente, el bolito del barrio interrumpe el encuentro; Antigua lo ha enviado en su busca, teme que se le haga tarde para el almuerzo, preparado especialmente para ella. La amable despedida se impone, don Miguel Ángel permanece en el lugar del encuentro y doña Clara camina hacia su hotel charlando con el bolito, se entera entonces que se llama Lucas, que es originario de San Antonio Palopó, uno de los doce pueblecitos que embellecen las riberas del lago Atitlán, y que suele beber, por su bajo coste – cinco centavos el octavito – clan, que según dicen los entendidos raspa como la lija pero calienta rápido y sabroso.

   Antigua ha preparado, con la inestimable ayuda de doña Goyita, pepián de pollo. El proceso comenzó muy temprano, comprando los ingredientes frescos necesarios en el mercadillo semanal de la ciudad. Varios centenares de personas (agricultores, artesanos –textiles, alfareros, etc.- carniceros, pintores primitivistas, floristas, pescaderas, especieros ...) de los pueblos y ciudades cercanas exponen sus variados productos; los colores, olores y contrastes existentes son inimaginables para toda persona que no haya vivido un paseo por estas estrechas callejuelas. Cuando llega doña Clara todo está listo. Lucas recibe, de manos de doña Goyita, un recipiente de barro; todos sospechan que contiene su ración de comida.

   Durante el almuerzo, todos se ponen al tanto de los últimos acontecimientos: el encuentro con don Miguel Ángel Asturias, la visita al mercado semanal y el posible cambio de presidente en Guatemala (se espera la sustitución democrática del doctor Juan José Arévalo por el coronel Jacobo Árbenz). La referencia que doña Clara hace a su problemática con el Tribunal de Represión de la Masonería despierta el interés de  Antigua:

-       ¿Por qué un tribunal español mantiene acusaciones contra usted?

-       Ya le comenté el otro día uno de los grandes logros de la Constitución Española de 1931, el sufragio universal. Pues bien, en noviembre de 1933 se volvieron a celebrar elecciones generales, estas ya con la participación de todas las mujeres; no soy elegida diputada y ganan los partidos de derechas. Todos los partidos republicanos y de izquierdas me culpan de la derrota por mi defensa del sufragio femenino. A partir de ese momento comienza mi decadencia política. En las elecciones de 1935 gana el Frente Popular (unión de las izquierdas), ahora nadie me pide disculpas. Decepcionada y creyéndome víctima de una injusta animadversión, decido abandonar, en el año 1936, la agrupación Unión Republicana Femenina.

   El 18 de julio de 1936 su produce el levantamiento de las tropas españolas del Norte de África contra la República. Siento mi vida amenazada y me traslado de Madrid a Alicante, y de ahí embarco para Génova para después pasar a Suiza. Ya conocen todos ustedes los terribles hechos que se produjeron durante los tres años siguientes (Guerra Civil de España), ensayos de la inminente Segunda Guerra Mundial. Las autoridades de la Dictadura del general Franco iniciaron inmediatamente la represión de la Masonería, siguen considerando que mi pertenencia a esta organización, legal en aquel momento, es un hecho punible.

-       No cabe duda, el sufrimiento, el dolor y la melancolía han marcado su vida durante estos últimos años. Prosigue Antigua. Pero la animo a recuperar la esperanza. Mi experiencia de siglos me enseña que todos los momentos concretos son transitorios. Debemos pensar y configurar  nuestro carácter,  nuestra personalidad  y nuestro ser teniendo en cuenta el largo plazo. En mi caso, le recuerdo que llegué a ser considerada como una de las tres ciudades más hermosas de las Indias Españolas, me recuperé de los devastadores efectos de varios terremotos, pero después del  terremoto de Santa Marta 1773 – creí morir: miles de personas fallecidas, los edificios de 30 iglesias, 18 conventos y monasterios, 15 ermitas, 10 capillas, la Universidad de San Carlos, hospitales, orfanatos y miles de viviendas se convirtieron en escombros y perdí la capitalidad por orden del presidente de la Audiencia de Guatemala; la nueva capital se construiría en otro lugar y con otro nombre (Nueva Guatemala de la Asunción). Sentía el abandono y la inmediata muerte, pero después de casi doscientos años, ¡Míreme usted! Me siento esplendorosa, aquellas ruinas que anunciaban mi muerte se han convertido en atractivo turístico, mi larga agonía me ha permitido perdurar sin graves cambios arquitectónicos, hoy soy el mayor centro de interés turístico de Guatemala, conservo una parte importante de la memoria colonial de España y avanzo con paso firme hacia el futuro. Tenga confianza en mí madurez, sus logros durante la II República Española no quedarán en el olvido, usted forma ya parte de la memoria colectiva de la lucha de la mujer en favor de sus derechos y, en definitiva, de la historia de la democracia.

-       Muchas gracias Antigua, sus palabras me reconfortan. A veces pienso que lo único que ha quedado de la República fue lo que hice yo: el voto femenino.

   Al almuerzo, como es costumbre, le sigue un ligero descanso. Doña Goyita y don Emilio, mientras echan la siesta, sienten que están gozando de una extraordinaria experiencia: convivir con dos señoras muy singulares. Esta noche contarán a su hija Magda todas las novedades. Magda ha cursado sus estudios primarios y secundarios aquí, en esta ciudad; posteriormente se ha licenciado en psicología, ya en la ciudad capital, y trabaja en el ámbito social a lo largo y ancho de toda la República de Guatemala. Esa noche coinciden en amena conversación doña Goyita, don Emilio, Magda y doña Clara, las profundas y sensatas informaciones que expone Magda hacen que doña Clara se ratifique interiormente en las conclusiones que extrajo durante su encuentro con los terciarios franciscanos.

   La estancia de doña Clara se prolonga durante unos días más. Ella y los habitantes del hotel Palacio Chico forman ya una familia. Doña Clara comienza a manifestar comportamientos con origen en la satisfacción personal y en la madurez; sus gestos, maneras, conductas se parecen cada vez más a los de Antigua. Pero de un día para otro anuncia su marcha hacia España. Parte muy de mañana, un lunes. Lleva entre su equipaje el tecolote que le han regalado para que lo coloque en su domicilio definitivo. 

   Cuando se alejaba, estuvimos viendo su serena y oscura figura hasta que la tartana que la conducía a la ciudad capital cambió de dirección, al pasar junto a la figura metálica del Hermano Pedro, la que da la bienvenida a todas las personas que llegan hasta Antigua Guatemala.

Acabo en Antigua Guatemala, a 20 de enero de  2014. (Clara Campoamor: una mujer, un voto).

                                                    Valeria Bernal López.
 
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